
Tras la estancia de Nuestra Señora de los Dolores por unos días en la Capilla del Rosario en su Triduo Misional, este templo acogió posteriormente los cultos de su Sagrada Titular, María Santísima del Rosario, en lo que son los días grandes para la Hermandad de Vera-Cruz y Rosario.
La priostía de la corporación del Jueves Santo engalanó este popular templo de la localidad para la ocasión. Así, el color rojo tomaba protagonismo, en forma de colgaduras en las columnas o en el dosel ubicado en la hornacina del retablo mayor. Los cultos comenzaban con el besamanos a María Santísima del Rosario, que bajaba al presbiterio para recibir la veneración de los fieles y devotos.
De esta forma, la Virgen del Rosario lucía saya blanca bordada en oro, manto de tisú blanco recogido a la cinturilla, cinturilla bordada en oro, fajín hebraico, corona de salida, toca de sobremanto y media luna a sus pies. Así, la Sagrada Imagen aparecía vestida con el color que la caracteriza en su paso de palio, el color blanco.
Por su parte, el altar aparecía con la candelería completa, colocada de forma simétrica con la menor altura en los extremos laterales y en la parte central. Presidiendo el altar, cobijado bajo el dosel de cultos, se encontraba el Simpecado blanco de la cofradía, que abre los tramos de nazarenos de la Santísima Virgen en la jornada del Jueves Santo. Respecto al exorno floral, distintos ramos de flores variadas se repartían en pequeñas jarras tanto en el retablo como en dos pilastras marmóreas ubicadas delante de las columnas que limitan el presbiterio del templo.
Con este montaje efímero, la Capilla del Rosario volvió a ser el epicentro de la actividad cofrade en la localidad el 7 de octubre, Festividad del Santo Rosario, y sus días previos, en una de las fechas marcadas en el calendario cofrade visueño.



