Desde 1976…

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Quiero empezar este artículo haciendo una breve reseña de la foto del año 1976 que lo ilustra, pues si bien es cierto que con anterioridad a esta fecha, en nuestro pueblo a mediados de los años 60 aproximadamente, se habían creado ya sendas cuadrillas de costaleros devotos, la de la Virgen del Rosario y la de la Virgen de los Dolores, podemos tomar este 12 de septiembre de 1976, como el punto de partida donde se empiezan a crear las diferentes cuadrillas de hermanos costaleros de nuestra localidad; a continuación llegarían el resto de cuadrillas, en 1977 la del Cristo del Amor, en 1978 la de Ntro. Padre Jesús, y así sucesivamente hasta completar la nómina de pasos que actualmente procesionan a lo largo del año por las calles de El Viso.

Todo esto se inicia después de que en Sevilla, la hdad. de los Estudiantes en 1973, partiera desde su juventud crear la primera cuadrilla de hermanos costaleros, al frente de ellos el experimentado capataz Salvador Dorado “el penitente”.

A renglón seguido en nuestro pueblo, la inquietud dentro del grupo joven de la Hdad. de los Dolores, se hacen eco de esa “nueva moda cofrade” que ha nacido en la capital, convencen a Ricardo Palacios para que los dirija como capataz, y resuelven así la necesidad de la Hdad de Sta María del Alcor ante el problema económico para sacar adelante la tradicional procesión de Nuestra Patrona.

Desde este momento y de manera impulsiva, empezamos a beber de las costumbres y formas de llevar los pasos igual que en Sevilla, a continuación llegaron los ensayos, los costales, el andar, incluso la jerga. Todo ello implicó adoptar sus luces y sus sombras, que desde la misma capital se han ido adquiriendo en estos 40 años de hermanos costaleros.

Es necesario reseñar, que las andas de las cofradías desde el siglo XV, fueron portadas y guiadas por personas que se dedicaban al noble oficio de cargar y descargar mercancías, nos han precedido más de cinco siglos de tradición, 500 años atesorando oficio y costumbres en sus centros de trabajo. En los muelles de los puertos, en los mercados de abastos, en almacenes, fábricas….lugares donde poco a poco ha desaparecido dicha profesión, conforme la mecanización avanzó en nuestras vidas.

Mecanización que gracias a Dios no llegó a nuestras trabajaderas, motivo por el cual se hace irremediablemente necesario, recuperar esa experiencia perdida para el buen andar y mandar de nuestros pasos.
Ha sido mucho el oficio que se ha dilapidado durante las últimas cuatro décadas, 40 años, una simple apéndice de los otros 500 años de aprendizaje a base de sudor y sacrificio de personas humildes e injustamente tratadas por la sociedad. Por mucho que intentemos vender eso de “una estación de penitencia desde las trabajaderas”, nunca podremos aceptar dicha expresión si no va unida al buen oficio del hermano costalero.

En resumen, en lugar de establecerse una transición lógica en el tiempo, en apenas diez años se liquidó de un solo plomazo más de cinco siglos de tradición y oficio. Y de aquellos barros tenemos estos lodos, capataces que igualan con un palo métrico, costales en la cabeza a modo de turbantes egipcios, martillos convertidos en auto-escuela de capataces, o costaleros trabajando doblados como verdaderas alcayatas. Todo esto aderezado, con juntas de gobiernos completamente incapacitadas para resolver los problemas que se derivan de dicha situación de ignorancia supina.

Cierto es que la incorporación del hermano costalero ha traído muchas ventajas para la vida de la hermandad, y si sentimos devoción por nuestros Titulares, tenemos 364 días al año para ir al templo a venerarlos, y si tenemos una promesa que cumplir, pues cogemos cirio y capirote y nos convertimos en reguero de luz del evangelio de Cristo. Lo cortés no quita lo valiente, pero antes de ser costalero devoto seamos costalero de oficio. Posiblemente, después de la sabiduría que nos aporta un oficio compartido con nuestros hermanos en la fe desde las trabajaderas, nos venga de forma natural y verdadera la devoción por nuestros Titulares.

Esta es la síntesis de un pensamiento personal y propio, sentirme heredero de ese oficio semi-perdido debajo de las trabajaderas, invito desde aquí a que indaguemos nuestra historia para dominar el presente y adivinar el futuro. Después de 35 años de dedicación, descubro cosas en el día a día que nos ayudan a avanzar en este oficio. Particularmente observo una gran mejoría en los últimos años, pero alejémosnos del alago y de la autocomplacencia, nos debilitaría.

Pensemos que somos parte de una hermandad, hermandad que a su vez pertenece a una Iglesia, Iglesia instituida por Cristo y edificada sobre Pedro; por todo ello y a modo de conclusión, capataces y costaleros somos parte de Dios, ofrezcamos como agradecimiento de ser discípulos suyos, la sapiencia, el oficio y el sacrificio al frente o debajo de las andas que lo portan a Él y a su bendita Madre, a modo de imagen, o convertido en Real Presencia y Sagrada Eucaristía.

J. Ramón Jiménez Roldán

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